El
fotográfo captura el alma del sujeto u objeto de su interés,
consigue en cada imagen el recuerdo de los vivos en gragmento de la
realidad.
Trabaja
para sí mismo con pasión y satisfacción, sus fotos
de hombre y mujeres toman otro significado para convertirse en algo
memorable con los instantes robados con la cámara.
Son partícipes
pero invisibles en la escena, sus personajes se identifican con el enigma,
son seres que reflejan y ocultan secretos con la midada, pero callan
con la boca.